Nicolás Muller

 

  • Mi padre siempre quiso ser fotógrafo desde que a los 13 años le regalaron su primera cámara, una ICA 6x9 de placas con una lente Novar Anastigmat 1:6.8 y un trípode. Aquella se la robaron pronto pero fue reemplazada por una Rollei 4x4 que, por cierto, usó hasta sus primeros trabajos profesionales, allá por el año 1937. Antes de auto exiliarse de su Hungría natal tuvo que licenciarse en Derecho y Ciencias Políticas por imperativo familiar. En aquellos años de universidad se reunía con amigos que tenían intereses comunes y recorrían el pequeño país para documentar la realidad de aquel momento. Hungría, entonces, vivía bajo un régimen semi feudal, y aquellas fotos se han convertido en documentos que reflejan con una mirada moderna, imágenes llenas de dinamismo y vitalidad, protagonizadas por personas que tenían poco o nada y que trabajaban de sol a sol en condiciones muy precarias. Fotografiar al ser humano fue su primera, y quizás única, fuente de inspiración. No resultaba nada invasivo para acercarse a la gente: durante muchos años su equipo fue una Rolleiflex que llevaba colgada del cuello y un fotómetro, por si hubiera necesidad. Siempre consideró que su trabajo en B/N era más interesante que el color, que tuvo que hacer también por exigencias profesionales. Su carrera abarca desde el año 1938 hasta1980. Con 25 años, París fue su primer objetivo y sus primeras alegrías como freelance. Allí estuvo poco tiempo, pero hizo fotos, a mi entender, brillantes. Algunas se conocerán próximamente … Después hizo una parada en Portugal donde tambiín reflejo con sensibilidad y respeto a aquella población que en 1938 vivía con lo mínimo. Aterrizó en Tánger en 1939 y aquella luz, y aquel exotismo, le deslumbraron. De los años que allí vivió hasta 1947, siempre decía que habían sido los más felices … su obra bien lo desvela. Son bien conocidas muchas de sus imágenes, y eso que siempre se lamentaba de lo maltratadas que eran bajo las tijeras de los editores y las imprentas de la época. Finalmente, llegó a España, donde se instaló para siempre, desde 1948 hasta el 2000, en que falleció. Aquí pudo trabajar a gusto y con gusto. Tenía una mirada distinta a lo que en aquella época se hacía, sus retratos desprovistos de sofisticación eran directos y reales. A mi me maravillaban sus trabajos de campo: con los mínimos recursos, hiciera la luz que hiciera, encontraba la toma, el encuadre y el momento del disparo. Al ver sus contactos, se comprende de inmediato lo que un buen ojo sabe de ese instante decisivo. Fue un fotógrafo instintivo al que no le interesaban demasiado ni la técnica ni el laboratorio, pero era muy consciente de la importancia de tener una cámara en la mano para por expresar con ella pensamientos e ideas, y siempre con una mirada estética.